El conflicto entre Israel y Palestina ha entrado en una nueva etapa tras dos años de guerra en Gaza. Desde los orígenes de la disputa en 1948 hasta la ofensiva del 7 de octubre de 2023 y el reciente plan de paz impulsado por Donald Trump, la región se enfrenta a un posible punto de inflexión entre la reconstrucción y el riesgo de una nueva escalada.
I. Orígenes del conflicto: siete décadas de tensiones irresueltas
El conflicto entre israelíes y palestinos tiene raíces que se extienden hasta la partición de Palestina en 1947, cuando la ONU aprobó la creación de un Estado judío y otro árabe. Mientras el liderazgo sionista aceptó el plan, los países árabes lo rechazaron, argumentando que violaba los derechos de la población palestina mayoritaria.
La guerra de 1948, iniciada tras la declaración de independencia de Israel, selló un desenlace dramático: Israel consolidó su territorio, y unos 700.000 palestinos fueron desplazados, dando origen a la Nakba, o “catástrofe”.
Este conflicto, conocido como la Guerra de Independencia de Israel o la Nakba palestina, surgió como resultado de un complejo entrelazado de causas históricas, políticas y demográficas. A lo largo del Mandato Británico, los crecientes conflictos entre el movimiento sionista —que buscaba establecer un Estado judío en Palestina— y la población árabe palestina —que defendía su soberanía y rechazaba la inmigración masiva— generaron tensiones profundas. La decisión de la ONU en 1947 de partir Palestina en dos Estados exacerbó estas tensiones: mientras los judíos aceptaron el plan, los árabes lo rechazaron por considerarlo injusto. La violencia intercomunitaria previa, la presión de la inmigración judía tras el Holocausto y la retirada británica crearon un escenario explosivo que se convirtió en guerra abierta tras la proclamación del Estado de Israel el 14 de mayo de 1948, cuando Egipto, Siria, Jordania, Líbano e Irak invadieron el territorio recién declarado.
En las décadas siguientes, cuatro guerras mayores transformaron la región:
- Guerra del Sinaí (1956): tras la nacionalización del Canal de Suez, Israel invadió el Sinaí egipcio con apoyo británico y francés. La presión internacional obligó su retirada, marcando la primera intervención de la ONU como fuerza de paz.
- Guerra de los Seis Días (1967): Israel derrotó a Egipto, Siria y Jordania en menos de una semana, ocupando Cisjordania, Jerusalén Este, Gaza, el Golán y el Sinaí. Esa ocupación sigue siendo el eje central del conflicto.
- Guerra de Yom Kippur (1973): Egipto y Siria atacaron por sorpresa durante la festividad judía. Aunque Israel logró recuperarse, el golpe diplomático y psicológico abrió el camino a los Acuerdos de Camp David (1978) entre Egipto e Israel.
- Intifadas (1987 y 2000): las rebeliones palestinas contra la ocupación marcaron nuevas etapas de resistencia y represión.
Los Acuerdos de Oslo (1993) ofrecieron esperanza al reconocer mutuamente a Israel y la OLP, pero su ejecución se estancó tras el asesinato del primer ministro israelí Yitzhak Rabin y el ascenso de gobiernos más conservadores en Israel.
En 2005, Israel se retiró unilateralmente de Gaza, pero Hamas tomó el poder dos años después, creando una división política que bloqueó todo avance hacia la paz.

II. El 7 de octubre de 2023: un punto de ruptura histórico
El 7 de octubre de 2023, el grupo islamista Hamas lanzó un ataque sin precedentes contra Israel, combinando el lanzamiento de más de 3.000 cohetes con incursiones terrestres en comunidades fronterizas.
El ataque dejó más de 1.200 muertos en Israel y alrededor de 250 rehenes trasladados a Gaza. Fue el día más mortífero para el pueblo judío desde el Holocausto y marcó un punto de inflexión para la seguridad regional.
Israel respondió con una ofensiva aérea y terrestre masiva. En cuestión de semanas, Gaza quedó sumida en una devastación sin precedentes: hospitales destruidos, desplazamientos masivos y un bloqueo casi total de suministros.
El Ministerio de Salud de Gaza reportó decenas de miles de víctimas civiles, mientras que la comunidad internacional quedó dividida entre el apoyo al derecho de Israel a defenderse y las acusaciones de desproporción y crímenes de guerra.
III. De la guerra a la crisis humanitaria
El conflicto de 2023–2024 reconfiguró completamente el mapa de Gaza. Israel destruyó gran parte de la infraestructura militar de Hamas, pero también redujo barrios enteros a escombros. Organismos humanitarios advirtieron sobre el riesgo de hambruna, brotes epidémicos y desplazamientos forzados.
Mientras tanto, Hezbolá, en el Líbano, y milicias respaldadas por Irán intensificaron sus ataques, abriendo nuevos frentes en el norte. Estados Unidos y la Unión Europea presionaron por pausas humanitarias y corredores seguros, pero las negociaciones fracasaron repetidamente ante la desconfianza mutua.
A finales de 2024, el conflicto derivó en una guerra de desgaste: sin victorias decisivas, con Gaza fragmentada y millones de civiles atrapados entre las ruinas.
IV. El plan de Trump (2025): retirada, reconstrucción y pacificación
En octubre de 2025, el presidente Donald Trump reapareció en la arena internacional con un ambicioso plan para “poner fin a la guerra más larga del siglo XXI”.
Anunció desde la Casa Blanca un acuerdo de 20 puntos negociado —según su equipo— con Israel, Egipto, Catar y mediadores árabes, que incluye una retirada militar israelí gradual, la creación de una autoridad provisional internacional en Gaza y un programa de reconstrucción masiva.
Los pilares del plan
- Retirada progresiva de las fuerzas israelíes: se llevaría a cabo en tres fases a lo largo de 18 meses, condicionada al desarme verificado de Hamas y a la instalación de una fuerza de seguridad árabe multinacional, bajo supervisión de Estados Unidos y Naciones Unidas.
- Desarme y desradicalización: el plan prevé la eliminación de armamento pesado y el cierre de túneles, así como un programa de reintegración civil para antiguos combatientes.
- Autoridad de transición: Gaza quedaría bajo una administración civil temporal compuesta por representantes palestinos moderados, con apoyo de Egipto, Jordania y Arabia Saudita.
- Fondo internacional de reconstrucción: 50.000 millones de dólares destinados a infraestructura, vivienda y salud, financiados por EE. UU., los países del Golfo y la UE.
- Garantías políticas: Israel se comprometería a no ocupar Gaza ni construir asentamientos, y se abriría un canal diplomático hacia una eventual “confederación palestina” junto a Cisjordania.
El proceso de pacificación
El proceso incluiría verificación internacional de la retirada, liberación escalonada de rehenes y reapertura de pasos fronterizos bajo control tripartito (Israel–Egipto–ONU).
Un Mando de Paz Multinacional, con efectivos árabes y observadores occidentales, se encargaría de mantener la estabilidad durante los primeros dos años.
La segunda etapa, denominada “Gaza 2030”, busca transformar el enclave en una zona desmilitarizada y económicamente viable, con inversiones en energía, puertos y corredores comerciales con Egipto y Jordania.
Reacciones internacionales
La propuesta fue recibida con optimismo cauteloso por Israel, que la interpreta como un marco de seguridad aceptable. Sin embargo, Hamas la rechazó por completo, calificándola de “rendición forzada”. La Autoridad Palestina, por su parte, expresó disposición a cooperar “si se garantiza una solución política integral y un horizonte hacia la soberanía”.
Organismos humanitarios y la ONU advierten que el éxito del plan dependerá de que se respeten los derechos civiles, se permita el retorno seguro de los desplazados y se asegure la entrada masiva de ayuda.
A la fecha, noviembre de 2025, informes en terreno confirman que la retirada israelí ha comenzado en zonas del sur de Gaza, pero la ayuda humanitaria fluye a menos del 20% de lo prometido y aún se registran enfrentamientos aislados. El proceso de pacificación se mantiene frágil pero en curso, con la comunidad internacional observando de cerca su implementación.
V. Los desafíos estructurales para una paz duradera
Pese al impulso diplomático, los retos persisten:
- Fragmentación política palestina: Hamas y la Autoridad Palestina siguen sin reconciliarse, debilitando la representación unificada.
- Desconfianza israelí: los sectores más duros del gobierno israelí exigen garantías absolutas de seguridad y control de fronteras.
- Riesgos regionales: Irán y sus aliados podrían sabotear el proceso mediante milicias en Siria, Irak o el Líbano.
- Legitimidad internacional: la credibilidad del proceso dependerá de si se percibe como una pacificación genuina o como una imposición externa.
VI. Un acuerdo entre la oportunidad y la incertidumbre
A dos años del ataque de Hamas y tras más de 35.000 víctimas, la guerra en Gaza entra en una fase decisiva.
El plan de Trump, más allá de su retórica, ha obligado a reactivar la diplomacia en un escenario donde la fatiga bélica y la devastación civil son absolutas.
Pero la pregunta central persiste: ¿es posible la paz sin justicia y sin reconstrucción política? El futuro dependerá de que los compromisos actuales se traduzcan en seguridad para Israel y soberanía efectiva para los palestinos.
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